jueves, octubre 11, 2007

Sartori en México

Si pudiésemos usar una metáfora para comenzar a hablar del politólogo italiano Giovanni Sartori (Florencia, 1924), diría que es una especie de Benito XVI de las Ciencias Políticas: el heredero vivo de la disciplina que comenzó hace casi 500 años su coterráneo Niccolo Machiavelli.

Por estas fechas Sartori ha estado en el país. El motivo ha sido el recibimiento del Doctorado Honoris Causa que la Universidad Nacional le ha otorgado –junto al filósofo español Fernando Savater, el físico Leopoldo García, la filósofa Juliana González, entre otros personajes—el pasado jueves 12 de abril en el Palacio de Minería de la Ciudad de México.

Lo anterior no ha sido desaprovechado por la academia y los medios de comunicación para buscar alguna opinión sobre la política mexicana. No siempre se cuenta con esta clase de figuras en el país. Así que, entre conferencias, entrevistas y demás, las declaraciones del politólogo no han pasado desapercibidas ni han dejado de motivar cierta polémica entre algunos actores políticos locales, lo cual es conveniente repasar de manera breve.

Uno de los comentarios que más revuelo ha causado es el que se ha referido al "chantaje" que los partidos "chicos" realizan a sus contrapartes consolidadas durante las elecciones. En opinión de Sartori, "si un partido pequeño con dos por ciento del voto aparece en escena, irá con el PRI o con el PAN y dirá 'sé que no puedo ganar la elección, pero puedo hacer que pierdas, así que o me das algunos lugares gratis o vas a perder ese asiento'. Eso es chantaje, simple y llanamente" (El Universal, abril 11, 2007).

En efecto. Los electores hemos sido testigos de esta práctica en los últimos tiempos.¿Qué ha hecho que algunos partidos sin representación, sin presencia, sin líderes identificables y sin propuestas trascendentes mantengan su registro y, sobre todo, sus prerrogativas electorales? Básicamente, las "alianzas" que forman con alguno de los tres grandes para presentarse en coalición a los comicios.

A pesar del flaco favor que esto hace a nuestra democracia, sí ha sido bastante eficiente en el divorcio de la ciudadanía con los partidos y sus políticos. Un caso aleccionador es el del Partido Verde, el cual es más recordado por la presencia de sus cabezas en programas televisivos que por su agenda de temas ambientales, supuesto leit motiv de su nombre y razón de ser.

Otro asunto que ha tocado el autor de libros clásicos como La política y Homo Videns ha sido el de la pretendida Reforma del Estado. De manera irónica, Sartori ha declarado que lograrla en un año, tal y como pretende la llamada Ley Beltrones recientemente aprobada en el Congreso, "sería un récord y ameritaría una medalla olímpica".

El propio legislador priísta se encargó más tarde de refutar este argumento, señalando que la duda del italiano se debe a su propio fracaso como líder de un proceso similar en su país.

Más allá de estos dimes y diretes, que bien pueden ubicarse en el terreno del amor propio, el punto que ha tocado Sartori se refiere a la intención de los legisladores de erigirse en "expertos" que redacten leyes fundamentales de la sociedad.

Este es un tema que siempre será susceptible. Desde los debates clásicos del origen y ubicación de la soberanía en Montesquieu, Locke y Rousseau, se ha reconocido la importancia de los representantes en el establecimiento de las reglas del juego. ¿La razón? No todo el "pueblo" puede (ni quiere) participar en política. De esta forma, tal tarea se lleva a cabo a través de intermediarios (los miembros del Legislativo).

La duda de Sartori es válida por una razón: en México la calidad de los mismos (y de toda la clase política) es bastante dudosa. No sólo por la herencia que arrastramos del antiguo régimen, sino por la capacidad –o más bien, incapacidad—que han demostrado algunos de ellos en el desempeño de sus funciones. La destreza para ganar votos no necesariamente se refleja en la habilidad para abordar los temas de la cosa pública.

Ante ello, una de las opciones planteadas sistemáticamente –incluyendo a nuestro invitado—ha sido la de profesionalizarlos mediante la reelección inmediata. Una medida que no sólo ayudaría a obtener una mayor especializació n a través de la experiencia, sino que también establecería con claridad cuántas veces una sola persona puede ser representante de un distrito, tanto estatal como federal.

Siempre es grato contar con esta clase de personajes en el país porque motiva a la reflexión y al debate. No es que estas opiniones sean impronunciables por los politólogos locales, sino por el origen de las mismas. Algo que nos confirma que a los mexicanos nos gusta mirarnos a través de los otros.


El Guardián, abril 14, 2007.

Año electoral

El calendario electoral mexicano se parece mucho al itinerario de nuestras tradiciones, usos y costumbres: no parece haber tregua para el descanso. Hoy tenemos comicios aquí, mañana allá, pasado mañana acullá. La interminable fiesta de la democracia. A pesar de que los candidatos y sus propuestas no suelen ser los protagonistas de la misma, el punto radica en cumplir de manera puntual cada una de las paradas que nos indica el almanaque comicial.

En 2007 habrá elecciones en 14 estados. De hecho, si consideramos la elección extraordinaria que se celebró el 18 de febrero pasado en el ayuntamiento de Tuxcueca, Jal., dicha cifra se incrementa a 15. Sin embargo, la batalla formal comenzará el próximo 20 de mayo en Yucatán, en donde se renovarán los poderes Ejecutivo (un gobernador) y Legislativo (15 diputados de mayoría y 10 de representación proporcional) , así como la totalidad de las alcaldías (106).

Estos comicios, no está por demás decirlo, son cruciales debido a que serán los primeros que se desarrollen en el gobierno de Felipe Calderón, por lo que sus resultados y el manejo de los mismos arrojarán señales sobre la política que el gobierno federal adoptará respecto a este tipo de acontecimientos de naturaleza local.

Después vendrán los estados de Chihuahua, Durango y Zacatecas, en los que se elegirán a los legisladores locales y a los ayuntamientos el próximo 1 de julio. Por su parte, el 5 de agosto tocará el turno a Aguascalientes y Baja California, sitios en los que la gente acudirá a las urnas para elegir diputados y alcaldes, en el primer caso, así como al Ejecutivo y Legislativo estatal y alcaldías, en el segundo.

Un caso aparte lo constituye el de Oaxaca donde, a pesar de que el mismo 5 de agosto se elegirán a los miembros de su Congreso local, no será sino hasta el 7 de octubre cuando la ciudadanía vote con el fin de renovar a sus ayuntamientos. Recordemos que en dicha entidad existen 570 municipios, de los cuales 152 son "formales", es decir se rigen por el sistema de partidos políticos, mientras que la gran mayoría (418) lo hacen por el derecho consuetudinario, también conocido como "usos y costumbres" (una especie de democracia semi-directa asumida por los pueblos indígenas de la región).

El 2 de septiembre toca a Veracruz. Ahí se votará por diputados locales y ayuntamientos, mientras que Chiapas repetirá esta fórmula el 7 de octubre. Una semana después el electorado de Sinaloa también elegirá a sus representantes populares y a sus ayuntamientos.

La última escala de este intenso viaje democrático está programada para el 11 de noviembre de 2007. Aquí se contempla la confluencia de cuatro estados para acudir a las urnas: Michoacán, Tamaulipas, Tlaxcala y Puebla. Sólo en el primer caso se elegirá al gobernador, mientras que en los tres restantes la atención se centrará en la elección de diputados locales y alcaldes.

Como se puede apreciar, durante el presente año existirá suficiente material para los politólogos en materia comicial, el cual se verá aderezado por factores coyunturales como la posición que adopte la presente administració n respecto a estos temas, así como el curso que puedan tomar los acontecimientos en entidades con conflictos recientes como Oaxaca.

Para los lectores de este diario la elección que llama la atención es, sin duda, la que se refiere a la renovación del Congreso (26 diputados de mayoría relativa y 15 de representació n proporcional) y las alcaldías (217) del estado de Puebla. Los comicios intermedios de la administración de Mario Marín, los cuales podrán servir como una especie de termómetro de la situación política que priva en la entidad luego de los audioescándalos de febrero de 2006.

De igual forma, al tratarse de la elección de las planillas a los ayuntamientos, los niveles de expectación y de tensión aumentan por referirse al ámbito de gobierno más próximo a los ciudadanos. Una vez más seremos testigos de ese microcosmos político en el que se aprecian muchas de las características de la política nacional mexicana en las actitudes de los candidatos, las luchas internas de los partidos, la presentación de plataformas de campaña, la súbita aparición de medios de comunicación efímeros, los conflictos pre y post electorales. En suma, del viejo ejercicio de buscar, obtener, retener e incrementar el poder.

En una época en la que lo que parece importar no es conocer el programa de trabajo ni las ideas de los candidatos, sino sólo su nombre y su vida, deberemos estar muy atentos al desarrollo de los comicios en el distrito y en el municipio. Habrá mucho material sobre el cual realizar comentarios. Y si no, al tiempo.


El Guardián, marzo 31, 2007.

El gobierno en acción

En los últimos días hemos sido testigos de una inusual actividad de la administración pública mexicana. Acostumbrados como estábamos durante el gobierno de Vicente Fox a la inmovilidad, el ostracismo y el solaz, las acciones llevadas a cabo tanto por Felipe Calderón como por Marcelo Ebrard, Presidente de México y Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, respectivamente, no dejan de generar reacciones por el hecho de que vemos al gobierno hacer lo que tiene que hacer: gobernar o al menos intentarlo.

El título de este artículo está tomado de una de las definiciones clásicas del término administración pública. Para Woodrow Wilson, ex presidente norteamericano de comienzos del siglo XX, dicho concepto no era otra cosa que "el gobierno en acción". En su opinión, la manera en que la ciudadanía percibe que su gobierno realmente hace algo es a través del movimiento de su burocracia.

De esta forma, cuando la gente observa a los policías en las calles, cuando realiza algún pago en cualquier ventanilla, cuando gestiona un documento oficial en el registro civil, cuando mira a una cuadrilla de trabajadores desazolvar el drenaje puede estar segura de que su gobierno está trabajando. Y esto, en cualquier sociedad y en cualquier tiempo, siempre ha significado un punto a favor que se refleja en la legitimidad y en la posibilidad de continuar en el poder por más tiempo.

Con todas las reservas guardadas, algo similar está ocurriendo en el país. En parte por los renovados bríos que implica un cambio de administració n, pero también por contraste con el equipo predecesor, las acciones realizadas en los ámbitos federal y local se presentan como la vuelta a los principios básicos del ejercicio de gobierno.

La materia central ha sido la seguridad pública, aunque esto no ha exentado el abordaje de otros temas. Un primer análisis basado en la observación de los dos centros más importantes del Poder Ejecutivo –Presidencia de la República y la Jefatura de Gobierno de la ciudad—nos conduce a la conclusión de que, como parte de una velada competencia entre proyectos políticos distintos y en conflicto, la manera en que demostrarán su eficiencia ocurrirá en el campo de los resultados. Veamos.

Por un lado, el gobierno de Felipe Calderón ha iniciado con un considerable despliegue de fuerzas federales en las entidades con los mayores conflictos de inseguridad. La imagen del presidente caminando al lado del secretario de la Defensa portando la indumentaria militar será una de las que más se recuerden del presente sexenio.

Frente a esto, la administración de Marcelo Ebrard establece una estrategia paralela dirigida a atacar los puntos neurálgicos del crimen organizado en el Distrito Federal. Primero en la casi inexpugnable calle de Jesús Carranza en el barrio de Tepito y después en el enorme predio de Iztapalapa en el que se comercializaban cualquier cantidad de auto partes de dudosa procedencia.

Por otra parte, la negociación realizada por el Ejecutivo Federal con el Legislativo ha dado uno de sus primeros resultados concretos: la reforma a la Ley del ISSSTE. La aprobación de una serie de cambios en dicha legislación relativos a las pensiones de la burocracia el pasado jueves 22 de marzo en la Cámara de Diputados, pese a esperar aún la votación en el Senado, ha significado la obtención de algo en lo que Fox tuvo un cuesta arriba eterno: ponerse de acuerdo y generar productos con el Congreso.

En la Asamblea Legislativa del Distrito Federal también se libra una batalla parlamentaria: la discusión y aprobación de una ley que despenalice el aborto. El gobierno de Ebrard se ha declarado "de izquierdas" y, por lo tanto, ha afirmado que defenderá la inclusión de este derecho en la legislación acudiendo al carácter laico y secular del Estado. Aunque los sectores que se dicen "agraviados" han reaccionado de manera puntual, dicha iniciativa no ha sido rechazada del todo por los capitalinos, el sector más liberal del país.

En suma, lo que podemos observar es que ambas administraciones han iniciado sus gestiones a tambor batiente y que, ya sea por mera competencia o por un sincero compromiso público, sus acciones están teniendo repercusiones concretas en la vida cotidiana. Algo que al final del día se agradece, sobre todo si se recuerda el pasado inmediato caracterizado por una notable parsimonia y dejadez.

Lo ideal es que este súbito espíritu laboral se contagie a todas las administraciones públicas mexicanas, en especial a las municipales, en donde la abulia y la desidia aún campean con singular alegría.


El Guardián, marzo 24, 2007.

El Estado y la seguridad

Es interesante observar cómo la humanidad sigue siendo la misma a pesar del paso del tiempo. Leyendo a los clásicos de la teoría política, uno llega a la conclusión de que sus problemas son los nuestros, de que lo que ellos padecieron, experimentaron y, por ende, intentaron solucionar, tiene grandes coincidencias con lo que ahora padecemos, experimentamos y, por ende, intentamos solucionar. La sociedad sigue siendo el resultado de esa extraña mezcla de razón y deseo.

Al respecto, un tema: el de la seguridad. En 1651 Thomas Hobbes, filósofo inglés nacido en 1588, justificaba la creación del Estado –o Leviatán—al afirmar que era más provechoso para los humanos ceder parte de su libertad individual con el fin de crear esta figura que seguir en el estado de naturaleza, es decir en el de la guerra de todos contra todos. ¿La razón? Sólo de esta forma se aseguraba la vida y la seguridad de las personas y sus bienes o, al menos, se reducía el riesgo sobre los mismos.

A pesar de que este autor ha sido vinculado sistemáticamente con el Estado absolutista, el objetivo de Hobbes era demostrar por qué convenía más a la sociedad contar con un Estado fuerte que vivir en el caos. En su opinión, a través de dicho ente, creado por un contrato social, la existencia de las personas podía ser menos miserable e inestable, tal y como sucedía en la anarquía. Así, la legitimidad, la razón de ser y el fin último de dicho Estado era la de dotar de seguridad y orden a la convivencia humana.

Todo esto viene a colación porque esta mañana he asistido a la presentación de las iniciativas de ley con las que el gobierno de Felipe Calderón pretende recuperar la paz, la seguridad y el orden en el Estado mexicano.

En la víspera de los primeros 100 días de gobierno se busca cumplir uno de los compromisos que el Ejecutivo asumió en su discurso del Auditorio Nacional, en aquel aciago viernes 1 de diciembre de 2006. Como se recordará, en aquella ocasión instó a las dependencias vinculadas con la seguridad del país (PGR, SEGOB, SSP, entre otras), a plantear alternativas para recuperar eso que Hobbes identificaba como la esencia del Estado: la seguridad y la paz.

Lo que Calderón ha planteado es reformar la Constitución para promulgar un Código Penal Único para todo el país, dotar de facultades de investigación a la Policía Federal y dar autonomía al Ministerio Público, entre otros temas. Todo dirigido a que el Estado mexicano "garantice la seguridad pública y ponga un alto a la delincuencia".

Ahora, volviendo a Thomas Hobbes, en su obra también deja claro que lo importante no sólo es el establecimiento de normas o leyes de convivencia, sino que exista algo que garantice su aplicación. "Los pactos de los hombres deben estar basados en la espada", se puede leer en alguna línea de su obra Leviatán. En efecto, podemos definir, escribir, modificar, derogar, innovar, generar o hasta inventar códigos de conducta, leyes, reglamentos, marcos jurídicos, pero si estos no cuentan con el factor de operatividad sólo quedarán en eso, en palabras.

Pensemos en un caso que se ha convertido en paradigmático y aleccionador al mismo tiempo: el de la separación de la basura. Desde hace algunos años se ha dispuesto que apilar los residuos orgánicos e inorgánicos en recipientes diferentes es una obligación en la Ciudad de México. De acuerdo. Nos beneficia por cuestiones ambientales, de salud y hasta económicas. En los hogares se han cambiado algunos hábitos y nuestra conciencia ecológica se ha fortalecido En contraste, todo se viene abajo cuando aparece el camión de la basura y los trabajadores de limpieza meten las dos bolsas con indiferencia en el mismo contenedor. Frente a esto, ¿para qué nos sirve dicha ley?

Como he mencionado, Felipe Calderón ha realizado este acto en la víspera de sus primeros 100 días de gobierno, periodo en el que ha centrado sus esfuerzos en enviar un mensaje a la población de que su prioridad es el combate al crimen organizado. Su estrategia ha demostrado ser exitosa hasta el momento. Sus niveles de aprobación social se mantienen estables frente a lo que parecía una misión imposible desde su toma de posesión. Sin embargo, se trata de una tarea larga y complicada, cuya calificación requiere ir observando los resultados tangibles de las acciones.

Al final, lo que sigue llamando la atención es esa búsqueda eterna de la humanidad: convivir de manera civilizada. Es decir, manejar nuestra razón y nuestro deseo. Y, a la fecha, esto sigue pasando por la presencia del Estado. O como ha afirmado el profesor Rafael Segovia: si la vida con el Estado es difícil, sin él es imposible.


El Guardián, marzo 10, 2007.

La feria

Mis recuerdos sobre la Feria de las Flores que cada año se celebra en Huauchinango son, al mismo tiempo, cercanos y confusos. Por un lado, representa el periodo festivo más importante de la ciudad, en la que una cantidad considerable de la población suele sentirse involucrada en su éxito a través de su participación directa o indirecta. Por el otro, en muchas ocasiones se ha convertido en el espejo en el cual nos miramos anualmente para comprobar que nuestros problemas siguen ahí.

Las primeras imágenes que conservo son las del tinglado que se instalaba en las calles del Centro de la ciudad, en donde podían encontrarse puestos multicolores, juegos mecánicos y cualquier cantidad de gente. A pesar de que se trata de una escena difusa, se trata de mi referencia más remota de la versión pagana de esta conmemoración.

La otra, es decir la religiosa, tiene mayores raíces en mi memoria. Mi madre solía responsabilizarse del montaje de un coche alegórico para la participación del barrio de San Juan en las festividades de la iglesia católica. Así, esos días comenzaban muy temprano con el acondicionamiento de una camioneta para fungir como vehículo portador de alguna escena bíblica. Ataviados de San José, Isaías, la Virgen María o hasta el mismo Dios, varios chicos del rumbo soportábamos con espíritu estoico la jornada de calor que iba desde el acceso principal hasta la Iglesia de la Asunción.

Por la tarde, una ligera pausa y después acondicionar la cochera de nuestra casa como una de las estaciones que recorría el patrono del lugar, el Señor del Santo Entierro, durante su visita al referido San Juan, uno de los cuatro barrios en los que está dividida la ciudad (de acuerdo con la religión). Al final, cansados pero satisfechos, sólo quedaba esperar por esos días de asueto que las escuelas nos daban para poder asistir a la Feria sin remordimientos.

La construcción del pomposamente llamado "Recinto Ferial" en la periferia de Huauchinango originó reacciones encontradas. Algunos opinaron que esta medida alejaría a la población de las diversiones ofrecidas, mientras que otros lo justificaron con el alegato de que el Centro ya no era un lugar viable. El punto es que tal infraestructura se construyó y algunos hábitos se modificaron para siempre.

El acceso a la Feria se complicó: ahora había que coger el transporte público, o bien, dedicar más tiempo a la caminata. Los espacios se administraron de una mejor manera, otorgando sitios especiales para la exposición y venta de flores, así como para los locales comerciales, la exposición ganadera y los infaltables juegos mecánicos.

Los pabellones –o stands, como les suelen llamar por alguna razón desconocida—se convirtieron no sólo en un espacio comercial y cultural, sino político. Su ubicación estratégica fue vista como un escaparate para promocionar lo mismo a un candidato, a una institución académica, al Ayuntamiento o a cualquier organización por efímera que fuese. Aunque lo que se promocionara ya se conociera al detalle o aunque no tuviera nada relevante que mostrar, lo realmente importante era estar ahí con el fin de ser vistos por la comunidad.

Estoy seguro de que deben existir diversas anécdotas en la corta vida de la Feria dentro del nuevo recinto (corta en comparación con los 69 años de existencia de la festividad). Sin embargo, destaco dos.

La primera fue ese intento de alguna administració n local de asignar un horario específico para el ingreso de las comunidades indígenas a la zona de juegos. Se supone que la intención era otorgarles algún tipo de trato preferencial en términos de costos y disponibilidad de lugares. En contraste, muchos opinamos que se trataba de una especie de apartheid serrano. La segunda es la pertinaz presencia de lodo en algunas áreas del Recinto. Como si fuese una especie de lapa, este elemento ha sido un protagonista crucial a pesar de los más variados intentos por erradicarlo con piedras, hojas o cemento.

El tiempo de Feria en Huauchinango ha arribado de manera puntual. El festejo y la sensación de movimiento se harán presentes durante toda la semana, la más esperada por la población. De acuerdo con el Programa anunciado por el Ayuntamiento, habrá actividades culturales, deportivas y sociales. También mucho comercio, visitantes foráneos y los incombustibles juegos mecánicos. El balance se hará al final de la misma.

Hace casi 500 años Maquiavelo recomendaba al príncipe dotar a su pueblo de diversiones y actos públicos para su mejor gobierno. Ahora, en marzo de 2007, nos preparamos para cumplir ese viejo ritual que nos hace mirarnos en el espejo una vez más.


El Guardián, marzo 3, 2007.

Los que vienen

Hace unos días me he integrado a la plantilla de profesores de la Universidad Nacional. Una experiencia interesante por donde se le vea. Este hecho implica un aprendizaje en el que las dos partes involucradas –estudiantes y maestro—recorren un mismo camino que busca conducirlos a mejores niveles académicos y personales en el mediano plazo.

Lo que deseo destacar en este texto son las características que he percibido en los jóvenes estudiantes de la actualidad. Nacidos al final del régimen priísta, marcados por los efectos de la crisis económica de 1994 y testigos directos de la transición de 2000, los chicos que en estos momentos se encuentran en las aulas presentan algunas diferencias con aquellos que transitamos por los mismos sitios hace algunos años. A continuación unas breves consideraciones sobre el tema.

En primer término, se trata de una generación más informada, más politizada y más desconfiada. El uso en extremo familiar de las tecnologías de la información les ha permitido estar en contacto con diversas fuentes de conocimiento. Si aquellos que cursamos los grados universitarios a principios de la década de 1990 veíamos en internet un artilugio útil pero destinado a unos cuantos iniciados, para los matriculados de hoy equivale a su primera opción de consulta.

Esto ha tenido un doble efecto en su educación. Al tiempo que les permite estar enterados de casi todo, la calidad de los datos recopilados no suele mostrar la solidez que se esperaría de una educación universitaria. Hay más información, sí, pero esto no significa que sea mejor. La investigación documental en bibliotecas –la cual es, se quiera o no, uno de los pilares del aprendizaje—ha sido desplazada por la sola búsqueda de un ordenador. Un ejemplo de lo anterior es el sitio Wikipedia, uno de los más consultados en la red, pero cuyos datos suelen ser débiles.

Un segundo aspecto es el carácter y la actitud de los estudiantes. La manera en que participan, opinan, debaten y refutan es diferente a determinados patrones de conducta que pude observar en mis compañeros de clase. La mayoría desea intervenir y, sobre todo, ser escuchada. El contraste radica en que, hace unos años, la inhibición o el bajo perfil eran más comunes. Con esto no quiero decir que ahora todos hablen y antes no, o que todos los que ahora participan lo hagan de forma brillante. No. Lo que quiero hacer notar es ese nuevo papel que asumen los estudiantes de no ser sólo espectadores pasivos y receptores de conceptos, sino de ser protagonistas de su propia formación.

Por supuesto, la mediocridad y la flojera campean alegremente por los campus universitarios como antaño. La resistencia a leer y escribir es considerable. Además, uno de los signos más lamentables que he podido observar en los primeros textos escritos por los estudiantes ha sido una pésima y deficiente ortografía. ¿A quién se debe responsabilizar de esto? La respuesta es una larga, difusa y ambigua lista de instituciones y personas: las escuelas de nivel básico y medio superior en donde cursaron la primaria, la secundaria y el bachillerato, pero también a su medio ambiente inmediato (familia, amigos) y a ellos mismos.

Sin embargo, me quedo con el cambio de actitud en la manera en que los alumnos enfrentan los retos actuales: una mayor información, un afán más participativo, una escasa confianza en las instituciones públicas. Recordemos que estas generaciones han crecido escuchando por todos lados términos como tolerancia, derechos humanos, democracia, alternancia, entre otros, pero cuyo contraste con su realidad inmediata los ha hecho perder la fe en la política y en los políticos. ¿Más informados? Sí. ¿Más esperanzados? Para nada.

Para finalizar, una reflexión sobre el otro actor involucrado en este proceso: el profesor. Al estar frente a un grupo se puede dimensionar la importancia que tienen los docentes en la educación y, por ende, en la conformación de la sociedad. El maestro marca la diferencia entre talentos aprovechados o perdidos. Los chicos son una pequeña materia prima que debe moldearse y pulirse con pasión y mesura. Los que ahora estamos en esta privilegiada posición tenemos una responsabilidad enorme: formar estudiantes con rigor académico y responsabilidad personal.

Max Weber solía afirmar que la democracia estaba bien para todos lados excepto para la universidad. En su opinión, el principio que debe regir en estos sitios es la meritocracia. Esta es –sin duda—una gran oportunidad para comprender y aprehender esta idea.


El Guardián, febrero 24, 2007.

Pero qué necesidad

Vicente Fox, ex presidente de México, ha vuelto a escena. Y lo ha hecho como uno lo podría haber imaginado (aunque no deseado): cometiendo errores garrafales tanto de conocimientos como de estrategia política. Es decir, por la puerta grande y siendo fiel a su marca registrada. ¿Ayuda en algo al país el que un ex Ejecutivo Federal siga en activo?

Una de las reglas no escritas del antiguo sistema político mexicano era la que exigía silencio y discreción a los ex presidentes. Una vez dejado el puesto lo usual era retirarse a una especie de ostracismo lejos, muy lejos de los reflectores. Sucedió por la buena con Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, o bien, por la mala con este último y Ernesto Zedillo. Aún hoy se recuerdan las conversaciones entre Adriana y Raúl Salinas desde el penal, las cuales neutralizaron los afanes protagónicos del ex mandatario.

Hasta cierto punto este fenómeno ha sido comprensible. La política mexicana buscó durante largo tiempo la transmisión pacífica de poderes. Durante y después de la Revolución la ocupación y la rotación de los cargos públicos se realizaba casi literalmente a balazos. Al respecto, la sentencia del ex líder obrero Fidel Velázquez de que los priístas habían llegado al poder por las armas y de que sólo así los iban a sacar resulta altamente aleccionadora.

En este contexto, para evitar cualquier tentación de retorno y, sobre todo, para permitir que el nuevo gobernante contara con los suficientes márgenes de maniobra, los ex presidentes sabían que una vez concluido el mandato constitucional la vida se les presentaría en cualquier sitio excepto en la política.

La transición del año 2000 afectó diversos aspectos de aquel viejo orden, incluido el del papel que deben desempeñar los ex titulares del Poder Ejecutivo. Al menos Fox con su activismo y su deseo de permanecer en la picota ha dado muestras de querer romper los viejos usos y costumbres.

Primero, durante una conferencia en Los Ángeles afirmó que "América Latina debe huir de la dictadura perfecta, como lo dijo el Premio Nóbel colombiano de literatura, Mario Vargas Llosa" (ya se han comentado de sobra los errores que contiene este discurso). Segundo, durante una conferencia en Washington reconoció que, si bien perdió el proceso de desafuero contra Andrés Manuel López Obrador, "18 meses después me desquité cuando ganó mi candidato".

Cualquier persona que lea, escuche o se entere de estas declaraciones puede pensar, bueno, ¿y para qué lo dice?, ¿qué utilidad tiene hacer estas confesiones? , ¿en qué ayuda al país tener a un ex presidente dando conferencias por el mundo?

Vicente Fox se caracterizó por ser un candidato echado para adelante, carismático, osado y conectado con la gente y sus aspiraciones. Recuerdo, por ejemplo, el acto político que realizó en la Plaza del Ayuntamiento de Huauchinango: totalmente lleno, con un público que jamás había participado en este tipo de acontecimientos y que le prodigaba su apoyo a través de gritos y aplausos.

Sin embargo, durante su gestión se metamorfoseó en lo opuesto: una persona opacada, sin capacidad de liderazgo y con declaraciones locuaces. Sólo basta recordar el ya clásico "comes y te vas" asignado a Fidel Castro en marzo de 2002, el casi mítico "José Luis Borgues" en pleno Congreso de la Lengua Española en Madrid, el extremadamente sincero "¿y yo por qué?" sobre el conflicto de TV Azteca y CNI Canal 40, la directa "los mexicanos hacen trabajos que ni los negros quieren hacer" de mayo de 2005 y la supuestamente mordaz afirmación de que los hogares mexicanos ya tenían lavadoras "y no precisamente de dos patas" de febrero de 2006 (por mencionar sólo algunos ejemplos).

El gobierno de Vicente Fox también quiso imitar algunos aspectos de su contraparte estadounidense. Esta aspiración transexenal busca seguir los pasos de los ex presidentes norteamericanos: ser conferenciantes o activistas en su país y en el mundo. Sin embargo, sus desafortunadas intervenciones han frustrado su regreso y, además, han sembrado la duda sobre las presidenciales pasadas.

El nuevo sistema político mexicano aún está en proceso de definición. En este sentido, los ex presidentes se deberán seguir rigiendo, al menos en el mediano plazo, por esa antigua sentencia que los condenaba a las sombras después de haber sido el centro del universo. O como ha afirmado el filósofo de Ciudad Juárez: pero qué necesidad, para qué tanto problema...

El Guardián, febrero 17, 2007.